©2019 Paulina Ascencio 

Delirios de declive / Delusions of Decay

 

 

August – November, 2018 

Curro, Guadalajara, MX

 

 

Artists:

Alejandro Almanza, Javier Barrios, Arturo Hernández Alcázar, Miltos Manetas, Theo Michael, Jorge Satorre, Joaquín Segura, Luis Alfonso Villalobos

 

 

Reading Buddha or any other who lives off the sublime just makes me want to order a garlic soup.

E.M. Cioran, The Passionate Handbook

 

The first morning after Y2K, I woke up with delusions of decay. It was my first hangover, the hangover of the Apocalypse programed to match the turn of the century. But the day after the end of the world the appointment had to be rescheduled. Delusions of Decay is the symptom of announced endings. The expectation is as stubborn as contagious, and it generates a state of collective hysteria. We announced the end with the murder of God; when nature ceased to be comfortable; with the fall of existence and the crisis of modern humanism in the post-war era; with the break of the world order and the collapse of civilizations. We live the hangover of Art’s obituary and the executioners of avant-garde; when the theory of relativity imminently drilled scientific absolutism and with the digitalization of history’s great narrative.

 

We are used to deal with the end associating it with the notion of expiration. Organic matter restrictions and object lifespan had convinced us that, when discarded, things are not anymore. Nevertheless, a look at the huge piles of trash accumulated around the world prove the delusion of decay: although they came to an end, things are still there, provided with an after. The end, then, is not final or absolute, but the measure of an after. Endings, the plural, give familiarity to the use of post as a prefix and transform the compendium of universal history into a book of short stories. This is a lineal conception of history, but the line is segmented by particular endings: it is a dotted line –––––.

 

Delusions of Decay gathers together a series of exercises about the end as imagery in order to propose teleology after the end of the world.

 

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Después de leer a Buda o a cualquier otro vividor de lo sublime, sólo me entran ganas de pedir una sopa de ajo. 

E.M. Cioran, Breviario de los vencidos

 

La primera mañana del Y2K, desperté con delirios de declive. Era mi primera resaca, la resaca del Apocalipsis programado para coincidir con el cambio de siglo. Pero el día después del fin del mundo hubo que reagendar la cita.

Delirios de declive es el síntoma de los finales anunciados. La expectativa es tan necia como contagiosa y genera un estado de histeria colectiva. Anunciamos el final con el homicidio de Dios; cuando la naturaleza dejó de ser cómoda; con la caída del ser y la crisis del humanismo moderno en la posguerra; con los quiebres del orden mundial y el derrumbe de la civilización. Seguimos viviendo la resaca de la publicación del obituario del arte y los verdugos del avant-garde; cuando la teoría de la relatividad perforó inminentemente el absolutismo científico y con la digitalización

de la gran narrativa histórica.

 

Estamos acostumbrados a lidiar con el final asociándolo con la noción de caducidad. Las restricciones orgánicas de la materia y la vida útil de los objetos nos han convencido de que, al desecharse, las cosas ya no son. Sin embargo, un vistazo a las enormes pilas de basura acumulada alrededor del mundo comprueban el delirio de declive: aunque habían llegado a su fin, las cosas siguen ahí, dotadas de un después. El final, entonces, no es último ni absoluto, sino la medida del después. Son los finales, en plural, que hacen familiar el uso del prefijo post y convierten el

compendio de historia universal en un libro de cuentos cortos. Es una concepción lineal de la historia, pero la línea está segmentada por finales particulares: es una línea punteada –––––.

 

Delirios de declive reúne una serie de ejercicios sobre el final como un imaginario para proponer una teleología después del fin del mundo.

Press

Delirios del declive - Terremoto

El final no es lo último - Mural